
Cuando llega el verano, también llegan actividades que durante el año suelen dejarse de lado: entrenar al aire libre, jugar vóley en la playa, correr más seguido o retomar deportes que habían quedado suspendidos por falta de tiempo. Esta combinación de entusiasmo, calor y aumento de actividad hace que, paradójicamente, el verano sea la temporada con más lesiones musculares y articulares.
Este artículo te explicará, con lenguaje claro y útil:

Aunque parece una época ideal para estar más activo —y lo es—, varios factores se combinan para elevar el riesgo de lesiones. No es solo “mala suerte”: hay razones claras y evitables.
Durante meses, muchas personas llevan una rutina sedentaria o de baja intensidad. El cuerpo, que venía con un nivel de carga menor, no está preparado para un cambio tan drástico. Los músculos y tendones necesitan adaptarse progresivamente. Si no lo hacen, aparecen:
El verano invita a entrenar en espacios distintos a los habituales. La arena, por ejemplo, exige mucha más fuerza de estabilización que un piso firme. Lo mismo ocurre en el pasto, donde la superficie es irregular.
Esto incrementa el riesgo de:
Desgarros, porque los músculos deben compensar continuamente.
Entrenar en arena no es malo; simplemente requiere técnica y progresión.
El verano puede elevar considerablemente la temperatura. Cuando haces actividad física bajo calor intenso:
Un músculo deshidratado es un músculo rígido y vulnerable.

Actividades que solo se practican con regularidad en verano —como vóley playa, surf, running en arena o ciclismo recreativo— aumentan las probabilidades de sufrir lesiones por falta de técnica o preparación.
Entre los deportes que más lesiones generan en verano destacan:
En todos estos deportes, la combinación de calor, sobrecarga y falta de preparación es la fórmula perfecta para lesionarse.

Algunas lesiones son especialmente comunes en esta época. Conocerlas te ayudará a identificar señales tempranas.

Ocurren cuando un tendón se inflama o se daña. Suelen comenzar con dolor leve y progresar si continúas entrenando.
En verano son comunes por el calor, la deshidratación y los movimientos explosivos en arena o pasto.
Los cambios de dirección repentinos en superficies irregulares hacen que los esguinces aumenten significativamente.
En verano reaparece en personas que retoman actividad tras meses de baja carga.
Provocado por mala técnica, cargas mal distribuidas, debilidad del core o ejercicios explosivos sin calentar.
La prevención no es complicada. Solo requiere constancia:
Un buen calentamiento de 10–12 minutos reduce a la mitad el riesgo de lesión. Prepara músculos, tendones y articulaciones para la exigencia del entrenamiento.
No pases de entrenar dos veces por semana a hacerlo todos los días. Incrementa la intensidad de manera gradual: semana a semana.
No solo agua: también electrolitos. Un músculo hidratado es flexible, resistente y se recupera mejor.
Son el “centro de control” del cuerpo. Una buena estabilidad reduce lesiones en rodilla, espalda y tobillo.
Repetir el mismo movimiento todos los días aumenta la probabilidad de sobrecarga.

Escucha tu cuerpo
Si aparece dolor, es señal de sobrecarga o microlesión.
Lo más importante es no seguir entrenando sobre el dolor. En Trauma Medical contamos con terapias regenerativas avanzadas que ayudan a disminuir el dolor, acelerar la recuperación y evitar que una lesión reciente se convierta en un problema crónico.
El verano es la temporada donde más personas se lesionan, pero también puede convertirse en la época donde mejor cuidas tu cuerpo. Escuchar tus señales de dolor, hidratarte, entrenar con progresión y buscar atención profesional a tiempo marcan la diferencia entre unas vacaciones activas y una lesión que se puede agraviar.

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